La villa de Velada nunca olvidaría la presencia
del Infante don Luis de Borbón
y de su esposa doña María Teresa
de Vallabriga hasta el punto de que apenas transcurrieron
quince años cuando la Familia Real durante una
jornada, visitaron el palacio de los Marqueses
de Velada y Astorga, Condes de Altamira. La estancia
de los Reyes y sus hijos en Velada ha pasado inadvertida
para los investigadores ya que apenas ha quedado constancia
del viaje sino en la Biblioteca y Archivo General del
Palacio Real de Madrid. En la primera se encuentra una
pequeña obra manuscrita, curioso libro de viaje
anónimo que recoge las etapas y lugares más
interesantes del viaje por aquellas tierras. En el segundo
hallamos una voluminosa y detallada documentación
sobre la jornada de la Real Familia por Velada, Talavera
y Toledo en el año 1803. El monarca quería
conocer las tierras en las que habían vivido su
difunto tío el Infante don Luis y sus primos. Sin
embargo sorprende encontrar varios lugares del itinerario
vinculados al Marqués de Astorga, cuyo hijo y sucesor
don Vicente Isabel Osorio de Moscoso y Alvarez
de Toledo fue nombrado Caballerizo Mayor por
Carlos IV precisamente en ese año
de 1803.
Los preparativos de la jornada fueron complejos y exhaustivos
como lo demuestra el hecho de que se enviaron previamente
oficiales para realizar análisis de las aguas.
Respecto a la de Velada se decía en un informe
que “ las de este pueblo son dulce y de buena calidad,
no obstante, de ser algo zarzas a una legua distante (en
la dehesa titulada de Casillas en este término)
hay una fuente titulada la Marquesa que es pura y cristalina,
la que usaba el señor Infante don Luis”.
En le palacio del Marqués de Velada y Conde de
Altamira hubieron de realizarse grandes obras de acondicionamiento
para alojar al numeroso séquito que acompañaba
a la Familia Real y a la servidumbre de las Casas y Cuartos
del Rey, de la Reina, de los Infantes y de Godoy. Los
gastos corrieron a cargo de la Hacienda Real y de los
Condes de Altamira los anfitriones. Para habilitar los
alojamientos de Sus Majestades y Sus Altezas se tabicaron
cinco chimeneas, se pintaron y limpiaron los techos, se
repararon escaleras y varios solados. Asimismo en “
el Ramillete y demás cocinas se hicieron las Pallazas
y Hornillas que fueron necesarias”. Estos gastos
(incluyendo jornales y materiales) ascendieron a 1.158.017
maravedíes. También hubieron de hacerse
decenas de nuevas puertas, postigos, vidrieras y ventanas
para las nuevas habitaciones. Por supuesto el gasto fue
enorme máxime cuando a las obras del palacio se
sumaron las de las diversas secciones de la Real Casa
desde la Capilla hasta la Caballeriza, pasando por servicios
como los de la Panetería, Cava, Cerería,
Cocina de Boca y de Estados, Repostería y un largo
etcétera con todo su personal. ( Sólo la
del Infante don Antonio llevaba un confesor, 8 capellanes
de honor, 4 ayudas de oratorio, 4 mozos para servidumbre
de oratorio y 2 confesores de Familia).
La jornada se iniciaba con tiempo lluvioso, el Rey había
decidido finalmente no dirigirse a Arenas de San Pedro
y así se lo comunicaba a los oficiales de su Casa
el 14 de Diciembre, saliendo la comitiva real desde el
Real Sitio de San Lorenzo a la una de la tarde del 19
de Diciembre con dirección a Casarrubios del Monte
a donde llegó a las ocho menos cuarto de la noche.
Al día siguiente las autoridades acudieron a recibir
oficialmente a los monarcas y su familia, realizándose
el protocolario besamanos tras el cual partieron con dirección
a Santa Olalla. Allí llegaron a las cuatro y media
de la tarde y al igual que en Casarrubios fueron cumplimentados
por las autoridades locales, partiendo al día siguiente
alrededor de la una, después del besamanos. Por
el camino un correo del ministro de Estado aconsejaba
al Rey no continuar hasta Velada, dado que estaban muy
crecidas las aguas del Arroyo Barrago, sin embargo Carlos
IV considerando que las aguas cesarían pronto ordenó
continuar el viaje llegando a Velada a las seis y media
de la tarde, siendo recibidos por el Obispo de Avila (a
cuya diócesis pertenecía entonces la villa)
y los miembros del consistorio. Nuestro cronista anónimo
comenta el recibimiento por la sencillez con que se sirvieron
aquella noche las cenas, pues basta saber que no llegaron
a tiempo las servidumbres destinadas a este ramo.
Respecto al Palacio del Marqués de Velada-Conde
de Altamira el cronista comentaba escuetamente que “
es el mejor edificio del pueblo aunque no de mucha extensión”.
Del convento se decía que “ tiene solidez
y buen orden; está inmediato al Palacio y en disposición
de poderse unir las dos fábricas”.
La estancia en la villa se prolongaría varios días
durante los cuales los monarcas y sus hijos se dedicaron
principalmente a cazar en los montes del Marqués.
El Rey salía a cazar por la tarde mientras la Reina
María Luisa de Parma y sus hijos dedicaban su tiempo
a pasear por el camino de Casa Quemada y camino de Calera,
después se trasladarían a Talavera de la
Reina hasta el día 2 de Enero de 1804, partirían
para Torrijos lugar del Marqués de Astorga y Velada
a donde llegaron entrada la noche. De allí saldrían
para el Real Sitio de Aranjuez.
De aquella breve estancia de la Familia Real en Velada,
no a quedado constancia física en la villa con
la salvedad de una tosca inscripción en una de
las paredes interiores del palacio donde se menciona el
encargo del Marqués de realizar determinadas obras
de acondicionamiento en las dependencias del edificio
en 1802.
Anales Toledanos XXXVIII,
Santiago Martínez Hernández.
CarlosIV
y Maria Luisa de Parma por Pierre Thyboust (1763-1824)
Condesa de Altamira y
su hija María Agustina (Goya)